Ayer después de misa estuve pensando sobre algunas actitudes que tenemos a veces los cristianos en las iglesias. Son pensamientos míos, opiniones propias... Quizá me equivoque. No quiero que nadie se ofenda si piensa de forma distinta. No soy un sacerdote ni nadie para decir como hacer bien las cosas.
El caso es que ayer en misa, en el momento previo a la comunión, se levantaron cuatro señoras, supongo que habituales colaboradoras de la parroquia, fueron al sagrario y cogieron cuatro copones con formas consagradas y se pusieron a repartir la comunión. A mi esto no me gusta, no lo puedo evitar. Me gusta que sean sacerdotes los den la comunión, porque ellos han recibido la vocación para impartir los sacramentos.
¿Creemos qué es solo pan o es el cuerpo de Cristo? Pues si creemos que es el cuerpo de Cristo ¿porqué no nos sale del corazón adoptar la actitud adecuada?
A mi me gusta comulgar directamente en la boca. ¿Soy acaso digno de tocar el cuepo de Cristo con mis manos, que quizá estén sucias? Sé que está permitido (si el país donde se celebre la misa ha pedido la dispensa al Vaticano. En España al menos si puede dar el cuerpo de Cristo en la mano) Pero me parece mucho más respetuoso recibir al Señor de mano del sacerdote. Ya sé que el sacerdote puede tener la mano sucia o no llevar una vida ejemplar, pero lo que cuenta es la actitud del alma y el reflejo de esta en la actitud corporal del que comulga. Y por supuesto la mayoría de sacerdotes tienen la mano limpia y mucha fe en lo que están haciendo.
Y cuando acaba la misa el Señor sigue presente en el sagrario y muchos de los asistentes han recibido su Cuerpo. Por tanto creo que es un tiempo de oración y de respeto, no de cháchara como si fuera un patio o una taberna. Que haga esto un turista se puede entender. ¿Pero alguien que se considera cristiano, daría la espalda a Jesús si lo tuviera delante y se pondría a hablar del tiempo con sus amigos?
Jesús está en el sagrario de las Iglesias, su presencia es REAL, no simbólica, y es el REY DE REYES, el Dios Infinito. Y a pesar de su misericordia y de su amor por nosotros se merece un gran respeto, tanto de alma como de cuerpo. El alma orante y el cuerpo silencioso, discreto, adorador...
En esto también cuenta la ropa; evitar ropa provocativa que pueda distraer e incluso incitar a otra persona a tener deseos impuros en plena iglesia, en presencia del Señor.
Yo pienso; si entra un turista en nuestras iglesias y nos ve charlando, vestidos de cualquier forma y recibiendo la comuninión por cualquier persona como si fueran caramelos... ¿Pensará que está en un lugar sagrado? ¿Pensará que creemos de verdad en la transubstanciación del cuerpo y la sangre del Señor? ¿Qué está Dios vivo en el sagrario?
En fin esto es mi opinión, que cada cual piense cual es la suya.
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viernes, 31 de agosto de 2007
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